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Clases de anatomía

Todos los meses, sobre la tercera semana y coincidiendo en sábado, tocaba clases de anatomía.


Gerardo, el profesor de patología forense, se reunía con los alumnos de tercero, en el hall del hospital Clínico.


—Hola, Gustavo; hola Inés; buenos días Luís. —¿Tú debes ser Ingrid, no? Creo que no viniste el mes pasado. Ya hablaremos.

—¿No viene nadie más? Esto es un desastre. Cada vez se presentan menos alumnos.


En la clase de hoy tenían que dejar bien limpios los metacarpianos de la mano izquierda.

Al pobre voluntario que se ofreció en vida, como conejillo de indias, ya no le quedaba un miembro unido. La cabeza está en el cubo de la estantería C, las piernas, cortadas por debajo del menisco, están en la universidad de Bellvitge porque se habían quedado sin y tenían evaluación a final de año.


—A ver, que levante la mano quien será el primero. —Vuestra mano, joder, no la del muerto. ¿Es que no podéis comportaros como adultos?


Como que no se atrevían a levantarla después de la bronca del profe, éste señaló con el bisturí a Ingrid.


—Ya que no viniste a la disección del lóbulo temporal, te ha tocado.

—Empieza ya a documentarnos.



****

En la academia “Clases de anatomía” el profesor tenía una misión: desentrañar los misterios del cuerpo humano con humor y precisión. Ese día, el tema prometía ser intenso: “El punto G: ¿mito, leyenda o GPS averiado?”


La clase comenzó y el profesor desplegó un enorme esquema anatómico. Bien, damas y caballeros, el punto G. Una diminuta región que, según algunos, está más perdida que las llaves de mi coche. ¿Quién quiere ser el valiente explorador?


Nadie levantó la mano, excepto Mariano, un estudiante de mediana edad que parecía más confundido que entusiasmado.


¡Perfecto, Mariano!, exclamó el profe. Imagínate que el cuerpo humano es un mapa del tesoro. Necesitarás paciencia, cuidado… y probablemente un poco de suerte. Aquí tienes una lupa y una brújula.


Mariano, intrigado, miró el esquema y preguntó: ¿Está más cerca del norte o del sur?. El profesor rio. Depende de tu perspectiva, pero definitivamente no lo encontrarás con un GPS. La clave está en preguntar, explorar y, sobre todo, escuchar.


De repente, Silvia, levantó la mano. Profesor, ¿y si resulta que el punto G no existe, y todo esto es una conspiración como los unicornios?


El profesor suspiró teatralmente. Ah, Silvia, querida, la ciencia no siempre tiene respuestas definitivas, pero sí muchas excusas para seguir investigando. A veces el viaje es más importante que el destino.



2 Comments

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Streetjas
Feb 04
Rated 5 out of 5 stars.

Los 2 relatos muy buenos. Aunque prefiero el de Letsluking. 🤣

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Guest
Feb 02
Rated 5 out of 5 stars.

😉

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