De nueve a once
- dowlezes
- 21 ago
- 2 Min. de lectura
Estaba prácticamente convencido de que perdería el tiempo si iba antes de las nueve de la mañana.
A Enrique le gustaba aprovechar al máximo el tiempo que tenía. Siempre había que arreglar alguna historia.
Llamó por teléfono a Juan para confirmar el lunch de las 12:30 h.
—¿Seguro que te va bien mañana? No me falles como el mes pasado. Ya sabes que tengo poco tiempo.

Sabía que su amigo era bastante impresentable y eso le sacaba de quicio. Aunque la comida era a las 13:30, lo citó una hora antes porque sabía que tendría que esperarse en la calle.
El miércoles por la mañana tenía una cita en la Asociación de Alcohólicos Anónimos. A las nueve era una mala hora porque sabía que no estaría ni el conserje, pero no pudo escoger.
—Enrique, ya sabes que de nueve a once estamos en el bar. Es nuestra hora del almuerzo y tendrías que recordar que tú, cuando trabajabas aquí, hacías lo mismo. Entonces, ¿por qué sigues dando la matraca con la maldita puntualidad?, —le dijo Gonzalo, el presidente de la asociación.
Cuando te rehabilitas de una droga como el alcohol, no quieres ponerte en los zapatos de los demás. No das tu brazo a torcer y te quejas por todo. Un poco de empatía no te haría daño.
****
En una pequeña oficina de la administración pública, la jornada comenzaba oficialmente a las 8:00. Sin embargo, todos sabían que el verdadero evento importante del día ocurría de nueve a once.
Paco, el veterano del equipo, era el maestro de ceremonias. A las 8:59 ya estaba sacando el enorme mantel a cuadros y los tuppers cargados de tortilla, croquetas y magdalenas caseras que milagrosamente aparecían cada día. La máquina de café echaba humo, y la conversación giraba en torno a temas trascendentales como el mejor lugar para comprar jamón o los nuevos capítulos de la serie del momento.
El reloj avanzaba lentamente hasta las 10:00. “Bueno, habrá que volver al tajo”, decía Conchi mientras untaba su tostada con tomate. Pero nadie se movía. Alguien proponía otra ronda de café y el debate sobre si es mejor café solo o con leche se alargaba otros 20 minutos.
Cuando el reloj marcaba las 11:00, Manolo soltaba su famosa frase: “Bueno, un último café rápido y volvemos”. Pero “rápido” era relativo, porque a las 11:30 alguien recordaba que los churros aún estaban calientes en la cafetería de abajo.
Así, entre risas y mordiscos, el desayuno podía llegar hasta las 12:00. Y a esa hora, claro, ya quedaba poco para la pausa de media mañana. Prioridades, ante todo.
Mejor no digo nada en tema de horarios, porque pillo cacho. 🤭🙃