El ratoncito Pérez
- dowlezes
- 24 ago
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A Juan le fascinaban las historias que le contaba su padre. Ambos tenían una imaginación desbordante que compartían mientras se desarrollaba el cuento.
—¿Papá, estás seguro de que a Grumfield no le pasará nada?—Cariño, ¿te acuerdas que hace poco te hablé del ratoncito Pérez? No solo es un recolector de dientes. En su tiempo libre hace de superhéroe. Se cuela en otros cuentos para salvar a los más vulnerables.
—Pero papá, esto es imposible.
—¿Acaso te he mentido alguna vez?

Mientras Juan escuchaba las explicaciones de su padre, abajo en la cocina, Marisa trasteaba con la cazuela. Estaba preparando pollo con manzanas.
—Papá, ¿no me estarás tomando el pelo, verdad? ¿Cómo puede colarse en otros cuentos?
En estos momentos, lo más importante era que Grumfield consiguiera salir de aquel pozo tan profundo.
—Verás. Pérez usa su escalera mágica que está hecha con los dientes de hermosas mujeres. Siempre la lleva encima por si acaso.
—No te preocupes Grumfield, quédate tranquilo. Ahora te saco del pozo… —le dijo Pérez desde la superficie.
Justo en ese instante se oyó un estruendo que salía de la cocina. Carlos y su hijo bajaron a toda prisa.
—¡Marisa, qué ha pasado!
—¿Por qué estás sangrando mamá?
Horrorizada, les contaba que alguien la atacó. Le arrancó un diente y se fue escaleras arriba.
—¡Repítelo despacio!
****
Cuando Laura perdió su primer diente, lo colocó bajo la almohada, esperando la visita del ratoncito Pérez. Aquella noche, sin embargo, algo extraño sucedió. Un ruido de rasguños la despertó. Con el corazón latiendo rápidamente, alzó la almohada y encontró no una moneda, sino un pequeño diente amarillo y corroído.
Al día siguiente, Laura decidió quedarse despierta para atrapar al travieso ratón. La noche cayó, y entre las sombras, vio una figura diminuta, pero no era un ratón común. Tenía ojos rojos brillantes y dientes afilados, más propios de un depredador que de un recolector de dientes.
"¿Por qué me dejas estos dientes?", preguntó Laura, con un temblor en la voz.
El ser respondió con una voz chillona y áspera: "Recolecto dientes, sí, pero no todos son de niños como tú".
Laura descubrió entonces que el diente bajo su almohada pertenecía a otro niño del pueblo, uno que había desaparecido misteriosamente semanas atrás. La criatura, mostrando una sonrisa torcida, explicó que cada diente era un recuerdo de sus víctimas.
Al amanecer, sus padres encontraron la habitación vacía, salvo por un pequeño diente blanco bajo la almohada, el de Laura. Desde entonces, los niños del pueblo guardan sus dientes caídos, temiendo la visita de ese oscuro impostor que una vez fue el amable ratoncito Pérez
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