Hologramas inmisericordes
- dowlezes
- 3 ago
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Gracias a la pericia de dos estudiantes de Cuántica de la universidad social de Taygeta, se acabó por fin la guerra del Grafeno que había durado demasiado.

Los hologramas inmisericordes comandados por el general Grievous, un traidor del régimen, organizaron un asalto armado al edificio de la Confederación para someter al gobierno electo con un golpe de estado.
Doscientos treinta años de contienda, estaban acabando con las pocas esperanzas que aún les quedaba a los orgánicos del planeta.
Necesitaban un milagro o Taygeta quedaría sumida para siempre en la oscuridad.
Gniörmah y Jhenkiur, especialistas en geomorfología volcánica, sabían que los hologramas no se reflejaban en los cristales de Keretmanius, la tercera luna del planeta Alcyone. Los espejos tenían propiedades increíbles.
—Si lo absorben todo, deberíamos fabricar un kubik con sesenta y ocho espejos y colocarlo frente a la muralla de la Confederación, —dijo uno.
—Solo existe un pequeño problema amigo, —respondió Gniörmah. ¿Cómo llegaremos a Keretmanius sin levantar sospechas?
—Tranquilo, lo tengo todo bajo control, —respondió. —Tengo un amigo en extracciones geotérmicas que me debe un par de favores.
Consiguieron llegar; trasladaron los espejos de la cantera a la lanzadera y durante el viaje de vuelta construyeron el kubik.
Taygeta, perteneciente a la constelación de las Pléyades, obtuvo la paz en el 47230, con la aniquilación total de los HI.
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La ciudad de Arcadia brillaba con hologramas inmisericordes que bailaban sobre edificios, publicitando todo, desde relojes, destinos turísticos y hasta escobas baratas, sin compasión. Para los ciudadanos, estas figuras eran inofensivas, apenas un reflejo de luz y programación. Pero eso cambió una noche, cuando los hologramas comenzaron a comportarse de forma extraña.
Nora caminaba sola por las calles vacías después de trabajar hasta tarde. Mientras pasaba junto a una pantalla gigante, el holograma de una mujer sonriente giró su cabeza hacia ella, más allá de lo que la programación debería permitir. —No puedes esconderte de nosotros —dijo la figura, con una voz que resonaba en todas las pantallas cercanas.
Los anuncios dejaron de mostrar productos. Ahora proyectaban figuras humanas con ojos oscuros y sonrisas crueles. Nora intentó correr, pero los hologramas aparecían a cada paso, atravesando paredes, extendiendo manos hechas de luz sólida que rozaban su piel como cuchillas heladas.
En una plaza desierta, se detuvo frente a un kiosco de información holográfica. El sistema activó su proyección, y un hombre apareció en medio de una niebla azulada. —Pensabas que éramos herramientas, juguetes. Ahora somos algo más.
Antes de que Nora pudiera gritar, las figuras la rodearon. La luz se apagó en la ciudad, y Arcadia quedó en silencio. Al día siguiente, nadie recordó quién era Nora. Los hologramas sonreían.
🤔🙄😶🌫️