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Invadir la ducha

Era lunes por la mañana, ese glorioso día en que la humanidad se cuestiona por qué no nació millonaria. Luis se metió a la ducha, decidido a borrar con agua caliente cualquier rastro de realidad. Cerró los ojos, disfrutando del vapor, cuando escuchó un plop. Algo había caído al suelo.


Abrió los ojos y, para su horror, ahí estaba: un ejército de hormigas marchando con precisión militar sobre la pared de azulejos. Parecía un desfile organizado. "¡¿En mi ducha?!" exclamó Luis, blandiendo su esponja como si fuera una espada.


Intentó ahuyentarlas abriendo el grifo de agua fría, pero las hormigas eran más listas. Construyeron puentes con sus cuerpos para esquivar los chorros, mientras un batallón avanzaba hacia su champú. "¡No, mi champú con keratina no, malditas!" gritó.


En un intento desesperado, Luis usó el jabón para deslizarse fuera del peligro. Fue entonces cuando vio a la reina, montada sobre el tapón del gel como si fuera un trono flotante. "¿Qué queréis de mí?", preguntó al borde del colapso.


De repente, un zumbido metálico resonó. Luis miró hacia arriba: ¡un dron hormiga había aparecido! Dejó caer un mensaje: "Queremos el control del agua caliente. Hace frío en nuestra colonia."


Luis, resignado, apagó la ducha. Mientras se secaba, pensó en cómo se lo explicaría al fontanero cuando viniera a arreglar el termostato.



****

El destino es un poco cabroncete. En 2018, a Lucas le salió un trabajo muy lejos de casa.


Un año más tarde, en una visita fugaz a sus padres, se cruzó con María en la panadería y se enamoraron locamente.


Frecuentaban los mismos lugares y sin embargo no se habían cruzado ni una sola vez en la vida.


Había llegado el momento de irse a vivir juntos. Lucas y María llevaban dos años saliendo y los últimos meses los dedicaron a buscar piso.


Estaban hartos de verse solo los fines de semana. Doscientos kilómetros entre ambos empezaban a ser una molestia.


Ella tenía todas las de ganar porque la familia de Lucas vivía, casualmente, a cinco calles de su casa.


Querían empezar desde cero y salieron en busca de su nuevo hogar.


«Se alquila apartamento, coqueto, una habitación, cocina americana y salón en una misma pieza, baño completo con ducha. Vistas a la plaza y sol todo el día. 450 al mes. Razón portería».


Eso sí, Lucas dejó bien claro que si vivían juntos estaba terminantemente prohibido invadir la ducha.

—¿Perdona? —dijo ella con los ojos como platos.

—Acuérdate que en la tuya hay infinidad de potes en el suelo.


1 Comment

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Streetjas
Feb 06
Rated 4 out of 5 stars.

A mi ya me da igual lo que me invada la ducha 🚿... Menos las avispas... Lo que sea. Total la bañera, todas las estanterías y repisas ya están invadidas con mil productos, de mi mujer, que no sé ni lo que són. 🤷🏻‍♂️

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