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¿Me entiende lo que te quiero decí?

Christian había quedado con Javi para explicarle cómo cambiar los filtros del aire en el tractor. Ya que el sábado tenían fiesta, podían hacer lo que les diera la gana.


—Cúchame bien con la do oreja. No te lo vi a repití.

—Javi, coge ese peazo yerro y haz palanca aquí. No te se ocurra apretá ma fuerte porque si no se va rompé er tornillo. ¿Me entiende lo que te quiero decí?



El trabajo que desempeñaban en la finca era muy importante. Javi se encargaba de darle agua a los animales y vigilar que no se quedaran sin comida. Christian apilaba las balas de paja con el tractor.


A los ocho años dejó la escuela. Así que tuvo que buscarse la vida como pudo. Nadie le quita mérito a ese muchacho que aprendió casi todo a base de chafardear por aquí y por allá.


A diferencia de Christian, Javi tuvo una buena educación. Su padre era el maestro del pueblo y eso le permitió aprender a leer, a conversar y relacionarse con respeto hacia sus semejantes. Tenía muchas posibilidades, pero prefirió trabajar con su buen amigo Christian en la finca de Don Anselmo.


Actualmente, siguen siendo muy buenos amigos.



****

En una plaza del barrio de La Boca, Sofía, una joven escritora, observaba a su abuelo Juan, un hombre de pocas palabras pero mirada sabia. Él siempre repetía:


¿Me entiende lo que te quiero decí?


Sofía se reía, sin saber qué quería transmitirle. Para ella, esas palabras eran solo una manía de su abuelo.


Una tarde, mientras ambos caminaban por el barrio, Juan se detuvo frente a una pared llena de murales. Señaló uno en particular: un tango pintado, con letras desgastadas por el tiempo.


—Ese mural lo hice yo hace 50 años. Cada pincelada tiene una historia.


Sofía lo miró asombrada.


—¿Vos pintaste esto? Nunca me lo contaste.


Juan suspiró.


—A veces no se necesitan palabras. Las historias están en lo que dejamos atrás. ¿Me entiende lo que te quiero decí?


Sofía entendió por primera vez. Su abuelo no le hablaba solo de palabras, sino de legados. Desde ese día, cada vez que pasaba por la plaza, veía el mural de otra forma: no solo como una obra de arte, sino como la voz de su abuelo que, en silencio, seguía contándole su historia.


—Sí, abuelo —susurró una tarde frente al mural—, ahora sí te entiendo.


1 komentar

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09. ožu
Ocijenjeno s 4 od 5 zvjezdica.

Yo también entiendo lo que me quiere deci!! 😊😉

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