En un mundo paralelo
- dowlezes
- 23 mar
- 2 Min. de lectura
Hay una banda de individuos que viven en un mundo paralelo, totalmente ajeno al de otros muchos humanos, esos clasificados como “los de a pie”.
Los primeros, con sus trajes de Gucci, sus enchufes, con sus disparatados emolumentos, mordidas, corruptelas, amiguismos, sus irresponsabilidades y otros adjetivos que no vienen al caso, parece que no están por la labor y no me refiero a esa típica frase de chica que te dice: ¡Ay! Es que ahora no estoy por la labor.

Esa horda de gente gorda, y no por peso, si no por el canibalismo social que practican, arremeten con todo, destruyendo lo que cae en sus manos, con el único propósito de llegar a ser los dueños del mundo, ajenos a las realidades de aquellos otros, “los de a pie”, que nunca podrán levantar cabeza, a no ser que, todos juntos, alcen la voz para decir “se ha acabado”.
Hasta que ese día no llegue, hasta que “los de a pie” no cambien el chip y unan todas sus fuerzas, la horda gorda seguirá campando a sus anchas, viviendo en un mundo paralelo que no tiene ninguna conexión con la cruda realidad que ellos mismos han diseñado para su disfrute.
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En un mundo paralelo, donde los cielos eran púrpuras y los mares de plata líquida, los humanos no eran los guardianes del conocimiento. Esa tarea recaía en los "Luminaris", seres etéreos hechos de luz y energía, que flotaban sobre ciudades construidas en árboles gigantescos cuyos troncos eran tan anchos como montañas. Estos seres alimentaban la vida con su sabiduría y protegían el equilibrio de todas las cosas.
Pero un día, el equilibrio se rompió. Una grieta se abrió entre ambos mundos y comenzó a filtrarse una sombra: el "Umbral", una fuerza oscura que devoraba la luz y el conocimiento. Nadie sabía de dónde venía ni por qué había despertado, solo que estaba destruyendo los pilares que sostenían el universo.
Amara, una joven humana curiosa y valiente, encontró un antiguo códice en las raíces de uno de los árboles. Decía que el Umbral sólo podía ser sellado si alguien de carne y hueso tocaba el "Corazón del Alba", un cristal oculto en lo más profundo del océano de plata. Sin dudarlo, Amara se lanzó a la búsqueda, guiada por los Luminaris, quienes le ofrecieron su energía para resistir el frío y la oscuridad.
Al encontrar el Corazón del Alba, Amara lo tocó. La luz estalló, iluminando ambos mundos y cerrando la grieta. Los Luminaris y los humanos aprendieron a coexistir, sabiendo que juntos, podían resistir cualquier sombra.
Totalmente de acuerdo contigo Letslukin.