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Nunca llueve a gusto de todos

El pueblo de San Riachuelo llevaba meses esperando la lluvia. El suelo estaba agrietado, los pozos casi vacíos, y hasta las hojas de los árboles parecían cubrirse de polvo. Los agricultores miraban al cielo con ansiedad cada día, rogando a las nubes que soltaran aunque fuera unas gotas.


Finalmente, una mañana, el cielo se oscureció, y los primeros truenos resonaron a lo lejos. La lluvia llegó en cuestión de minutos, y el pueblo entero exhaló un suspiro de alivio. Los niños salieron corriendo a las calles, encantados con los charcos que comenzaban a formarse.


Sin embargo, no todos estaban tan felices. Don Julián, el panadero, fruncía el ceño mientras miraba cómo la calle se transformaba en un río de lodo. “¡A nadie le importan mis panes!”, murmuraba, viendo cómo la clientela desaparecía. A unos metros, la señora Rosalía se quejaba porque su ropa, tendida al aire libre, ahora estaba empapada.


Al día siguiente, el pueblo despertó con el suelo húmedo y el aire fresco. Los campesinos sonreían, pero Don Julián seguía maldiciendo el barro en su puerta, y Rosalía renegaba con la ropa empapada.


En San Riachuelo quedó claro: nunca llueve a gusto de todos.



****

Xanco tenía previsto bajar al parking para pasarle un trapo húmedo a la moto.


Cree recordar que hace algunas semanas vio un letrero enganchado en el muro, en el que anunciaban las inminentes obras que harían para restaurar el suelo y paredes.


¡Se nota que no le pasan la bayeta desde hace años!, pensó.


Toda la mierda y la suciedad ha ido a parar a las carrocerías de los coches y por desgracia, también a las motos.


No le avisaron del inicio de las obras y no la tapó con una sábana vieja.


El resultado ha sido espantoso.


No solo tiene polvo encima, si no que se le ha colado por los más de quinientos resquicios de su BMW.


Tendrá que ir con cuidado cuando vaya al túnel de lavado. Hay que vigilar en qué dirección saldrá el agua a presión, porque siempre que se decide ir a lavar el Ibiza o la moto, hace mal tiempo o está a punto de caer una buena tormenta.


Cuando sucede así, recuerda las sabias palabras de su madre que le decía: nunca llueve a gusto de todos.


Cuando menos te lo esperas, después de un buen lavado, te cae la del pulpo.



****

Somos una sociedad instalada en la queja, en la inconformidad y la no aceptación. Solemos ver el vaso medio vacío en vez de medio lleno. 


Nos cuesta apreciar y valorar  lo que sí tenemos. Parece ser, que biológicamente, y por cuestión de supervivencia, tendemos a estar más atentos a lo que está mal pero esto tiene remedio, aunque puede costarnos un poco.


Aumentar nuestro grado de conciencia y discernimiento puede ayudarnos a salir de la influencia extrema de nuestro cerebro reptiliano y de nuestro ego. Podemos reducir el automatismo en nuestras respuestas y vivir desde la conciencia plena de nuestras acciones y no de nuestras reacciones.


La aceptación de lo que es, de lo que nos trae la vida, también es indispensable si queremos vivir con paz y armonía interior y exterior.


Si llueve, hace frío, hace calor, hace viento… disfrutémoslo, evitar caer en la queja nos ahorrará momentos de rabia, angustia, fastidio, malestar.


Si la vida que tenemos no es cómo esperábamos lo mejor es mantener la calma, reflexionar y buscar la manera de conseguir nuestros objetivos, aceptando lo que hay en ese momento.


Ir en contra de… genera conflicto y energía de baja vibración, nubla nuestra mente y nos impide avanzar.


“Acepto que no acepto” 


by solillum

1 Comment

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Streetjas
Jan 15
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Está claro que jamás lloverá a gusto de todos.

Tendré de tomar nota 📝 e intentar hacer caso del escrito de Solillum. Lo único que me espera es un faenon.🤷🏻‍♂️

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