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¡Y lo bien que estoy pa lo mal que estoy!

En el pequeño pueblo de Bonamerda, nadie estaba completamente sano, pero tampoco nadie se consideraba realmente enfermo. Era un lugar peculiar donde los habitantes convivían con dolencias menores: un poco de artritis por aquí, un asma leve por allá, pero nada que les impidiera llevar vidas plenas.


Doña Clara, por ejemplo, tenía una presión arterial "caprichosa", como le gustaba llamarla. Eso le obligaba a caminar todas las tardes para "calmarla", y, gracias a eso, había desarrollado una resistencia envidiable para su edad. Don Esteban, por su parte, sufría migrañas ocasionales que le daban excusa para tomarse pausas largas bajo la sombra de los almendros, volviéndose un maestro en encontrar la paz en medio del ruido.


Un día, llegó al pueblo un joven médico con la intención de curar a todos. Revisó, recetó y trató de imponer orden. Pero pronto se dio cuenta de algo curioso: cuanto más intentaba "sanar", más infelices se volvían los habitantes.


¡Y lo bien que estoy pa lo mal que estoy!; no estamos enfermos, estamos completos así”, le dijo Clara.


El médico, confundido pero fascinado, partió, entendiendo que en Bonamerda la salud no era la ausencia de males, sino la habilidad de vivir plenamente con ellos. Allí, tenían la mejor mala salud del mundo, y eso era más que suficiente.



****

Cristina, cuarenta años, diagnosticada de fibromialgia hace veinte.


El despertador suena a las 7:45 todos los días del año menos el domingo.


Se levanta de la cama por el lado izquierdo. Es una costumbre que arrastra desde la infancia.

Se calza las zapatillas, se pone la bata, se mira al espejo y sale de la alcoba en dirección al baño.


Vuelve a mirarse en el espejo. Se desnuda y se mete en la ducha.


Durante los próximos diez minutos, se olvidará de quién es.


Ya, frente al espejo del baño, se seca con cuidado el pelo, se repasa la raya de los ojos. Le encanta el azul eléctrico.


Se viste y se va a la cocina. Hoy tiene muchas cosas que hacer. Necesita energía.

Hace dos años le diagnosticaron TDAH.


A Cristina no le importa. Todo lo hace despacio, pero con una alegría desbordante.


Está muy feliz. Hoy es un día especial. Carlos le va a presentar a sus padres.


Carlos está diagnosticado de hipotiroidismo. Son tal para cual. Felices. Se aman.


Antes de las presentaciones, se encontrarán para ir a natación. Hoy toca hacer espalda. Dos mil metros.


Después, de bajada, irán juntos a comer con sus padres.


1 Comment

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Streetjas
Jan 28
Rated 4 out of 5 stars.

Me identifico con todos los imperfectos, pero con los que no son felices 🤷🏻‍♂️

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